La lotería

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Un cuento popular de Cuba.

Había en la isla de Cuba un campesino muy aficionado a jugar a la lotería. Cada semana compraba un boleto. Esperaba mucho que le tocara, pero nunca tenía suerte. Aun así, estaba convencido de que algún día ganaría a la lotería.

Una mañana, el hombre salió temprano de su casa para comprar un boleto de lotería. Tuvo la sensación de que por fin le iba a tocar. Estaba muy emocionado. Estaba tan emocionado que compró diez boletos del mismo número. Estaba seguro que iba a ganar y quería ganar mucho dinero. Así que gastó todo su dinero en los diez boletos. No le quedaba dinero en sus bolsillos pero le daba igual. Iba a ser muy, muy rico.

Después, regresó a su casa muy contento y le dijo a su esposa: “ Mañana es el sorteo de la lotería. Quiero estar en la ciudad cuando digan el número ganador. Si me ves regresar en un coche de lujo significará que somos ricos. Podrás tirar todos los muebles que tenemos en esta casa porque compraremos una casa mucho más grande y elegante.” Su esposa le respondió: “ Estás muy convencido. ¡Ojalá no te equivoques y mañana seamos muy ricos!”

Esa noche, el campesino no pudo dormir de los nervios que sentía en el estómago. Se despertó muy temprano y se fue a la ciudad muy feliz con una sonrisa de oreja a oreja. Mientras caminaba a la ciudad, imaginaba su nueva vida: “  ¡Tendré zapatos de charol, muchos criados para servirme, daré grandes fiestas en mi casa y viajaré por todo el mundo, será fantástico!”.

Su mujer también estaba muy emocionada. Se quedó en la casa impaciente. Cada cinco minutos salía a la puerta para ver si venía su marido en un coche de lujo tal y como le había dicho. Ella pensaba: “ ¡Por favor, que se cumplan nuestros sueños. Que venga en coche de lujo y no caminando!”

Después de las cuatro de la tarde, la campesina vio a lo lejos un gran coche rojo descapotable. Era un coche impresionante que sólo los ricos pueden comprar. En el coche, la mujer vio a su marido que agitaba los brazos con fuerza. El marido también gritaba algo pero ella no podía oirlo. Ella pensó: “  ¡Es increíble, mi marido viene en un coche de lujo y gritando como un loco! Nos ha tocado la lotería, somos millonarios!”.

Entonces la buena mujer saltó de felicidad y corrió en la casa muy emocionada. Sin pensarlo dos veces, comenzó a romper todas las cosas feas y viejas que tenía: la vajilla, los espejos, las estanterías, las ollas para cocinar… Gritó: “ ¡Hala, todo a la basura, que ya no lo necesito! A partir de ahora voy a tener una mansión y cosas bonitas por todas partes. ¡Qué harta estoy de todas estas cosas feas!”

Todos los objetos de la casa estaban rotos al suelo. La esposa del campesino rebosaba de felicidad pero esa felicidad duró muy poco tiempo. Su marido entró en el comedor acompañado de un distinguido hombre. El elegante señor olía a perfume y lucía ropas muy bonitas. Su marido tenía las piernas heridas y se apoyaba a dos palos para poder caminar. La sonrisa de la mujer se congeló y preguntó: “ ¿Qué te ha pasado?”. El campesino le respondió: “  ¡Regresaba de la ciudad cuando este señor me atropelló sin querer y por eso tengo las piernas rotas!”

Su mujer gritó: “ ¡Hay madre! ¿Y por qué agitabas los brazos en el coche y gritabas? Yo pensaba que venías gritando de felicidad porque habías ganado a la lotería…” Entonces, su marido le contestó: “ ¡Pero qué dices! Yo solo te gritaba: ¡No tires nada, que no nos ha tocado la lotería y vengo con las piernas rotas!”

La mujer se dejó caer en una silla como un saco de patatas. Miró a su alrededor y vio todas las cosas destruidas por ella misma. Se dio cuenta de que la impaciencia por ser rica le había jugado una mala pasada.

El matrimonio jamás volvió a jugar a la lotería y jamás se hizo rico. Gracias al desgraciado incidente los dos aprendieron a vivir la vida felices con lo que tenían.

Fuente: https://www.mundoprimaria.com/cuentos-infantiles-cortos/la-loteria